Travel Blog

On this place you will be able to read my adventures during different travels my wife and I have done through out the years. 

Spoiler alert: For now, Spanish version only.

Cuentos del Miércoles 8 de Abril - Iwakuni y demás

Konichiwa kudasai! 

Acá reportándonos con un poco de retraso respecto de nuestros informes diarios. Ayer (miércoles 8 de abril) fue nuestro ultimo día completo en Hiroshima y tratamos de aprovecharlo al máximo! Cerca de Hiroshima hay un lugar, llamado Iwakuni, que cuando planificamos el viaje encontramos que tiene una particularidad digna de visitar. Ahí existe un puente que según varios sitios en la interné tiene de los puentes mas bellos de Japón. A por ello! dijimos con Anita. Hay que visitarlo. Por eso, combinando dos trenes que nos llevaron aproximadamente una hora y cuarto, llegamos a Ia estación de trenes que nos dejaba lo mas cerca posible del famoso puente. 

Al bajar aquí la sensación fue muy particular. La estación era muy similar a la que hay hoy en muchos pueblos de todo nuestro paisito. Del mismo tamaño, forma y colores. Colores apagados, oscuros, casi feos. La sensación de que en cualquier momento aparecía un zombi a chuparnos la sangre detrás de una maquina de venta de bebidas era real. Eso si… muy desolado pero la maquina de bebidas esta siempre ahí, como tu gran amiga fiel :P. Salimos de la estación esperando que apareciera alguien a controlarnos que hubiéramos pagado el pasaje; cosa que es bastante común hacerlo al final. Naides de naides. Cardos que pasaban volados por el viento. Una soledad sola. Salimos y empezamos a orientarnos para donde teníamos que ir.

Arrancamos a patear por una calle que era larga y finita como churrasco de víbora. Casitas muy lindas a ambos lados. Casi sin vereda. Algún auto estacionado a los lados de la calle cada dos por tres. Se escuchaba ruido de autos y camiones pero era en los puentes y autopistas que pasaban cada dos por tres, pero en el pueblo no veíamos a nadie. Seria el fin del mundo y no nos habíamos enterado? Luego de caminar como 1 km vimos pasar una ardilla que cruzo rauda y veloz hacia el otro lado de la calle. Aleluya! había vida.. silvestre… pero vida al fin. Unos pocos metros mas y la sensación de que Aiguá, Tres Ombúes o Quebracho en el departamento de Paysandú eran metrópolis al lado de este pueblo me golpeó fuertemente la mente.  Por un momento pensé que habíamos llegado a la hora de la siesta pero en ese caso eran de buen dormir los vecinos. Eran las 11 de la mañana y ya estaban apolillando?!?!?!

Continuamos caminando y por allá vimos a unas niñas uniformadas, recién salidas de la escuela corrían rumbo a nosotros. “Será el comité de bienvenida” pensé para mis adentros. En su trayectoria a nosotros se rieron en un momento y nos gritaron “herooo!  herooo”. Asumimos que un amistoso saludo japon-inglish a lo que le contestamos “que hashé como andas?”. Con otro par de sonrisas mas terminó el intercambio cultural y continuamos pateando. Menos mal que el pueblo era llano como la playa Ramirez sino volvíamos directo al trasplante de rodillas. 

Luego de hacer casi 3 kilómetros por dentro del pueblo manso como agua de poso, finalmente llegamos a “la parte turística”. Un compendio de mini tienditas de souvenirs y restaurantes, todo al rededor del famoso puente Kintaikyo, decorado por un entorno natural privilegiado. El puente es completamente de madera y consta de cinco arcos que comunican ambos lados del río. Éste tiene la particularidad de que varia su caudal del agua según las lluvias y estaciones por lo que el puente esta hecho para que cuando eso pasa siempre siga comunicando ambas márgenes. Esto quiere decir que hay momentos que el puente tiene patas sobre terreno seco pero hay momento que esa parte esta bajo el agua. Además, la forma de los arcos hacen que en algunas partes sea bastante complicado de subir si no fuera por unos pequeños escaloncitos que hay en algunas partes. 

Puente  Kintaikyo

De cualquier manera lo cruzamos como otros miles de turistas y lo recorrimos de punta a punta en ambas márgenes del río. Por suerte nos toco un hermoso y fresco día de primavera. Soleado y con un poco de vientito. Para mi espectacular. Para Ana y el pingüinito un poco fresco de mas. Al llegar a la zona vimos que a lo lejos, en un cerro que había frente a dicho puente había un funicular y algo que parecía un templo o palacio. “Hay que subir!” dijimos a coro. Sacamos un combo de caminata sobre el puente (si, te cobraban por cruzar por él) que incluía subida por el teleférico y entrada al castillo de Iwakuni. Decidimos hacer eso primero para no andar a las corridas, como nos paso el día anterior, y subir al castillo de primera. Como comenté antes, el entorno natural de todo el lugar era espectacular. Cerros y alguna montaña a lo lejos con toda su vegetación bien verde, a lo que se le sumaba las manchas de tonalidades de rosado de los cerezos que hay por todas partes. Aquí arriba era similar, con el plus de la vista de todo el pueblo y mas desde lo alto. Di-vi-no!

Castillo Iwakuni

Recorrimos el castillo que entre otras cosas tenia una colección de espadas samurai y alguna armadura muy buena. Mas tarde bajamos hasta unos templos que estaban en la base del cerro y que ademas tenían sus respectivos jardines. Mucho verde y mucha naturaleza en un día primaveral idea. Dimos otras vueltas mas y el sol ya había comenzado a bajar. Emprendimos el retorno haciendo la pateada bis tooodo hacia atrás. De nuevo, en la estación, no vimos a nadie casi hasta el momento en que arribo el tren donde apareció una chiquilina, se le cayeron unas monedas y salió corriendo. Que vértigo! 

Retornamos de tarde noche a Hiroshima para dar alguna vuelta en nuestra ultima noche aquí. Merendamos y fuimos rápidamente hasta el castillo de Hiroshima, nuevamente, para pegarle una ultima vichada y sacar alguna fotito de noche. Pasamos por el centro de la movida nocturna, la zona de Nagarekawa, donde se encuentran las percantas y los botijas que salen de la oficina a tomar unos drinks, comer algo y jugarse unas monedillas en las Pachinko (maquinas traga monedas niponas). Mucho movimiento, mucho ruido y carteles de neón. 

Castillo Hiroshima

Nuestras vivencias en Hiroshima fueron lindas. Llegué con la sensación de que iba a ver una ciudad pequeña o un pueblo. Que de una u otra manera iba a estar afectado por lo ocurrido en la segunda guerra pero nada que ver. Me voy con la sensación contraria. Una ciudad con todas la letras y que sus mas de 1.2 millones de habitantes le dan mucho movimiento y vida. Preciosamente decorada por sus canales del delta sobre el que esta construida, decorada con muchas plantas y arboles, cerezos en su mayoría. Seguro que volvería para ver las muchas otras cosas que nos faltaron ver… y con un clima un poco mejor! :P

Un par de cosas que me había olvidado comentar es que el otro día, cuando estábamos visitando por primera vez el castillo de Hiroshima, nos pereció escuchar a alguien que hablaba español. Paramos la oreja y si… era un español muy río platense. La conversaciones se acercaban cada vez mas. Miramos de reojo y era un grupo de muchachos y muchachas que venían conversando bastante fuerte y a las risas. Definitivamente eran uruguayos. Lo confirmamos cuando les vimos la camperita que llevaban todos. Eran un grupo del viaje de Ciencias Económicas. Ellos nos relojiaron de reojo como diciendo “mmm yo a vos te saco de algún lado…” y nosotros a ellos, pero nunca nos hablamos nada. Flor de chúcaros los viajeros!

Por ultimo comentar que como comprobamos la vez pasada en nuestra visita por estas tierras. EL azúcar no endulza y el café es fuerte como remedio pa’loco! Mamita! Hemos probado café de varios lados y no hay caso. Ni con un kilo de azúcar lo suavizas. Hay una parte del mundo, desconozco cual es, que hacen un café especial, muy exclusivo porque es producto de un procesado particular. Parece que se lo dan a comer a unos gatitos. Esos gatitos hacen sus necesidades que contienen esos granos de café “pre procesados” para luego finalmente tostarlo y venderlo como café tipo plin. No se bien como será pero me lo imagino que debe ser medio fuerte. Tomarlo y la experiencia en si. Bueno, haciendo una analogía con ese proceso, para mi que los japoneses se lo dan a comer a un dinosaurio o dragón, según corresponda, por lo fuerte del sabor. Hay que ser medio samurai para tomarlo. Gramputa! 

En este momento vamos en tren, camino a Matsue, en la costa sobre el Mar de Japón. Esta noche escribo otro poco.

Arrivederchi!