Travel Blog

On this place you will be able to read my adventures during different travels my wife and I have done through out the years. 

Spoiler alert: For now, Spanish version only.

Cuentos del 11 y 12 de Abril - señas y signos

Konichiwa garotos y garotas!

Hace casi dos días que nos mando cuentos así que va pelota directo a las reflexiones. 

Uno puede mirar las cosas u observarlas pero a mi entender las cosas no son lo mismo. Mirar puede ser desde mas arriba, desde mas abajo, desde un costado o del otro. Mirar fijo o mirar de por arriba. De muchas maneras es decir, pero observar implica algo mas. Implica ver lo que esta pasando y entender porque esta pasando. Porque se hace una cosa o la otra. Porque hay un símbolo ahí cuando ocurre una situación y porque no lo esta en otro caso. Porque las personas hacen algo en vez de hacer otra cosa. En fin muchas situaciones de la vida diaria en la que uno puede aplicar lo de ver simplemente o lo de observarlo. Eso ha estado ocurriendo estos días en el viaje y sobre todo desde que estamos en Japón. 

En Corea se daba mas la situación en la que nos podíamos comunicar un poco mejor dado que el inglés era mas común y a pesar de ser muy básico, la idea o la intensión se entendía. Acá, en Japón es casi mínimo y ademas es muy difícil de entenderle las pocas palabras que pronuncian. Lo mismo les debe pasar a ellos con nuestro japonés que es, como cuando uno se va al maso de pique en la conga, menos diez. Esta dificultad de comunicación fue aún mas acentuada desde ayer al medio día cuando llegamos a Nagoya. 

Arribamos alrededor de las 2:30 de la tarde y fuimos directo al hotel a revolear las valijas y empezar nuestra recorrida. Al llegar nos costó hacernos entender en el hotel pero finalmente quedó todo aclarado. Al salir, buscamos un mapa de la zona y demás pero todo estaba en Japonés. En la recepción nos dieron un pedazo de mapa fotocopiado pero que no se entendía mucho y además, no tenia muy claro las lineas de metro o de buses para poder movernos por la ciudad. Como tampoco pudimos encontrar la oficina de información al turista choto, o sea nosotros, igual salimos al tanteo como ciego nuevo a probar como hacer para llegar a un lugar que queríamos ver primero. Macanudo con B larga.

Entramos en la estación de metro que esta junto a la estación de trenes por donde llegamos a la ciudad. Empezamos a intentar entender cuales eran las lineas de metro que había, las estaciones con sus nombres en japonés únicamente en uno de los mapas que teníamos, tratar de asociar esos chirimbolos a los nombres en el otro mapa fotocopiado. Sumado a esto, entender la simbología de las estaciones para saber si los trenes iban o venían. El como sacar los tickets en maquinas que también estaban el 98% en japonés, entre otras dificultades. Era un puzzle mortal. Aquí es donde aplicamos lo de la observación al máximo. Además de entender la simbología era lograr comprender como se pasaba el ticket por la maquina o porque la gente estaba solo en un andén de la estación y no en el otro… será porque había un cartel que creemos que pudiera decir que no funcionaba esa parte o porque ahí era donde llegaban los trenes y era el destino. Era al pedo tomarse un tren que no se va a mover.. por ejemplo. Todo eso nos llevo un buen rato. Un parto pero lo logramos!

A esta situación se sumó algo inesperado. Mientras luchábamos con los mapas, cartelera de la estación y demás, en un momento apareció un veterano de camisa azul que nos estaba relojeando. Yo ya lo había visto de reojo que nos estaba mirando desde lo lejos. De golpe estaba mirando lo que hacíamos por sobre el hombro. “que cornos querrá?” pensé. Nos empezó a hablar en japonés y nosotros en geringoso. Plin! Ni idea de que nos decía y el calculo que tampoco. Nos empezó a hacer señas para acá y para allá y nada. “Nos estará explicando algo de como usar el metro” nos dijimos entre nos. Ahí le mostramos que queríamos ir a un templo que parecía que quedaba a tres estaciones de donde estábamos nosotros, pero que mas o menos habíamos deducido que había que combinar. “choto! surika menemi sudeka des.. “ nos dijo mas o menos con esas palabras. Otra vez con el choto! pero que cosita! Ahí nos estaba mostrando que esa era la estación tal y que en el mapa era una particular. Además nos aclaró, todo por señas, revoleada de dedito pa’lla y pa’ca, que esa era la linea A y que la que iba por el lugar deseado era la B. había que combinar en tal lugar. Mas o menos lo habíamos deducido nosotros pero estuvo bueno que el veterano con su gran labia nos lo aclarara. Listo! Ahora déjanos quietitos y vos seguí tranqui nomas.

Segundos mas tarde, sentimos una presencia cerca nuestro; era el veterano nuevamente. Ahora había agregado dos palabras a su vocabulario internacional: “One” and “Two”. Esa era las paradas que teníamos que hacer para luego bajarnos y seguir en la otra linea. “sike duku puca puca tum” y varias cosas mas pero seguíamos sin entender que nos decía. Nosotros usábamos palabras sueltas en inglés, pronunciadas a la carrera para ver si entendía algo y nada. El nos hablaba y nos hablaba pero nada de nada. Tuvimos una conversación de sordos como de 5 minutos de ida y vuelta; intercambiando opiniones de política, arte, ciencia entre otros tópicos pero plin. Nada de nada. En un momento nos hizo el clásico gesto de “seguime chango” y arrancamos con él rumbo a las maquinas expendedoras de pasajes. No perdíamos nada. Empezó a apretar botones para allá y para acá. Fue y vino y ni el supo que caramelo estaba haciendo. Ana ya había deducido como era que se pagaba según la parada en la que te subías. No es física nuclear pero ya se había dado cuento. El viejo parecía un chiquilín en las maquinitas pegando pinias y patadas con los botones de la maquina y todavía nada. Seguía con la conversa y con Ana lo mirábamos y le decíamos “ok” y nos reíamos. Eso era toda nuestra conversación. A todo esto, en un momento me golpean la espalda. Era una señora que nos vio en la gestión en la que andábamos y me dice, en un perfecto inglés si queríamos usar un pase libre que ella había comprado previamente pero que no iba a usar porque se iba de viaje. En un momento no entendía que me estaba diciendo. Pensé que me estaban hablando en Klingon, porque nunca pensé que me iban a hablar en inglés después del “puka puka suka do!” del veterano. Le di las gracias y seguí intentando observar lo que Ana y él hacían. Ya casi habían vencido al jefe de la fase en la que estaban y finalmente ahí apareció el dichoso ticket!!!! Plin! Arigató arigató! arriverderchi y chau.

Pasamos los molinillos y ahora teníamos que saber para que lado tomarnos el tren. Ahí se escucha un “knock knock kncok”. “Y eso que es?” le digo a Ana. Miro para atrás y era el veterano, desde una ventana mas arriba del nivel en el que estábamos, haciéndonos señas con el dedito. “Para allá!!!… para allá!!!!!” de que teníamos tomar el anden de la izquierda. Jajaja. Un show el veterano! Le hicimos dedito pa’rriba de que habíamos entendido las señas y seguimos en esa dirección. Llegamos al andén y nos sentamos a esperarlo. Demoró unos minutos. Conversando entre nosotros sobre todo lo ocurrido, lo gracioso de nunca habernos entendido una palabra pero haberlo logrado gracias en parte a sus “consejos”, mira para las escaleras por donde habíamos desembocado y lo veo bajar cual reina del carnaval, saludando y tirando besitos para donde estábamos. No te puedo creer! Otra vez arroz?!?! 

Nos hizo señas, nuevamente blandiendo su dedito índice, de que teníamos que ponernos en la cola de la espera. Porque aquí la gente hace cola, para todo, para subir al subte, para el bus, para bajar por las escaleras mecánicas, etc. Nada que ver al mundo civilizado en el que vivimos allá en Uruguay. Bueno, nos pusimos en la cola para evitar un reto mayor. Ahí pensé que ya estaba. Ya era suficiente. Arigató arigató y chau pinela. No? Mmmm.. él tenia otras intenciones. Llego el tren, se abrieron las puertas y se mandó con nosotros. Faltó que nos atara la moña y nos llevara pa’la escuela. Siguió meta conversa y conversa y Ahí apareció la tercer palabra en su vocabulario patrocinado por el Anglo: “two stops” usando ahora su índice y su dedo mayor. “Ok” fue nuestra respuesta. Uno un silencio que casi casi fue incómodo si no fuera porque había mucha gente en el subte y había ruido a conversaciones. Pocos minutos mas tarde llegamos a nuestra estación de combinación. Arrancamos caminando los tres por tooodo el recorrido hasta llegar al otro andén, el de la combinación. 

Nos hizo nuevamente la seña con el dedito como mandándote a la dirección por mal comportamiento. “Se me paran aquí, esperan el tren y sin chistar ehh!!”. “Ok” fue nuestra respuesta. Arigató arigató y un par de cosas mas que nos dijo pero que nuevamente ni las básicas para entenderle. Ahí nos dio la mano y salió cantando la retirada de Contrafarsa del 89 por la escalera que lo devolvía a… a donde fuera que estuviera haciendo lo que sea. Luego de un rato de grandes charlas con él, me di cuenta que tenia en su camisa azul, un logo bordado que estaba relacionado con la estación de trenes y metro. Yo calculo que era un voluntario para ayudar a la gente desnorteada en las estaciones o sin la mas puta idea de como usar el metro, como nosotros. La reflexión a la que llegué es que somos tan diferentes culturalmente que ni se nos ocurre que alguien pueda hacer algo así, por el simple hecho de ayudar. Yo me lo tomé inicialmente como algo “de pesado” pero después comprendí que el tipo lo hacia porque tenia ganas de hacerlo o era su función. Me gustaría creer que estoy equivocado per no creo que en Uruguay se den esas situaciones con los turistas. Ojalá y me equivoque. Por el veterano, CHAPON!!!!

Desde Nagoya TV Tower

Luego de esa experiencia, recorrimos un poco la muy moderna ciudad; fuimos al templo de Osu Kannon y luego caminamos por uno de esos mercados callejeros todos techados con miles de personas para todos lados, comprando, comiendo y haciendo negocios. Ahí descubrimos que la ciudad es mas cosmopolita de lo que hubiéramos pensado en un principio. Caminando encontramos restaurantes de comida, china, taiwanesa, india, árabe y hasta una churrascaría con olor a pollo al spiedo, típico del Chuy. Además, escuchamos en varios lugares hablar en portugués. Luego descubrimos que en algunos lugares del metro, hay cartelería escrita en portugués también. Quien diría que los brazucas o portugueses han llegado hasta aquí!

Subimos a la torre de TV de Nagoya al atardecer y vimos la puesta de sol de un hermoso día de primavera. Ahí descubrimos que junto a ella hay una estación de buses combinada con un shopping que es la competencia de Tres Cruces. La diferencia es que tiene la pinta de ser un poco mas grande y un poco mas rara. Parece un plato volador. Estuvimos sacando fotos y comiendo algo. Cuando subimos al techo, que es la parte mas interesante dado que es como una terraza con el suelo iluminado por LEDs, apareció el japonés que cuidaba la zona y nos arranco a rajar del techo inmediatamente. Anda loca! Justo llegamos en el momento en que lo estaban cerrando y ya no se podía ni mirarlo porque estaba prohibido. Que locurita! Bajamos y nos fuimos, ya con destino el hotel.

Ise Piedras esposos

El día de hoy (Domingo 12) lo arrancamos tempranito, saliendo para Ise. Este lugar es un pueblo, bastante al sur de Nagoya, rodeando la bahía de Ise. El lugar tiene la particularidad de que sobre el Océano Pacífico, tiene una playa y frente a ella hay dos piedras atadas con una cuerda a las que han nombrado Meoto-iwa o piedras esposos. El lugar es muy bonito de ver si no fuera porque el día fue empeorando en el clima y a la hora que nos volvimos se había levantado un viento muy frío y que además estaba apunto de largarse a llover. De cualquier manera nos dio para recorrer y visitar los santuarios de Geku Mae y Naiku Mae que son los mas importantes y sagrados dentro del sintoísmo. Si además consideramos que hoy fue domingo y que a los japoneses les gusta particularmente pasear y hacer turismo interno, se imaginarán la cantidad de gente que había en estos lugares. Lo curioso de estos lugares es que en todo el rato que estuvimos, conté 10 personas extranjeras entre toda la multitud, que fue mucha! En esa cuenta estábamos nosotros dos, así que imagínense lo raro que era que todo el mundo te mirara de una u otra forma y hacer cosas que el resto del mundo no hacía… como ir sobre la derecha cuando el resto del mundo vuelva por la derecha. Era pecharnos de continuo con gente hasta que nos dimos cuenta que los zapallos éramos nosotros. 

Para volver desde este lugar tan lejano tuvimos que combinar un bus y un tren y ni una película de James Bond o Mission Imposible tiene el timing tan ajustado como el que tuvimos nosotros. Salimos a la parada para tomarnos el bus de vuelta corriendo el riesgo de perderlo y que ademas era el último turno. Llegamos con unos minutos de ventaja pero el bus no demoró en pasar con su puntualidad japonesa. El tema es que estábamos muy justos con la hora que se salia el tren rumbo a Nagoya. Si llegábamos era por 5 minutos de margen, nada mas. El bus nos dejó como a 5 cuadras de la estación y apenas se abrieron las puertas del mismo salimos como galgos persiguiendo la liebre rumbo a la estación. Yo iba manoteando los pases de tren mientras corríamos por las calles del pueblo, Anita traía los cachetes colorados a punto de reventarles. Mientras corríamos pensábamos que además íbamos a tener que subir y bajar unas escaleras para cruzarnos de andén y tomarnos, esta vez el tren correcto. Nos nos iba a dar. Seguíamos corriendo. Llegamos a un cruce de calles importante y por supuesto los semáforos de peatones en rojo. Ta que lo parió… no llegamos. Nos largamos en roja. Los pueblerinos nos miraban atónitos. Tenían a dos extraños corriendo como caballos desbocados por su calle principal y además dementes suicidas arrojándose al transito! Entramos de lengua afuera a la estación y la chicharra de que se aproxima un tren a la estación ya estaba sonando. Es el nuestro. Hay que subir las escaleras ahora! Ahhhh no no… es de este lado; bien! Anita corrió hasta las maquinas expendedoras y saco un bidón de agua para recuperar lo perdido en 5 cuadras de maratón. Que estado atlético. En ese momento el tren se detiene en la estación, se abren las puertas y se sube todo el mundo; con ellos nosotros también. Se cierran las puertas dos minutos después y el tren arranca. Mas justo imposible! Para recuperarnos y compensar el ejercicio, apolillamos todo el trayecto a Nagoya, con la ñata pegada al vidrio.

Como último cuento y para redondear la idea de los problemas de comunicación, hoy nos teníamos que tomar un bus para ir a este santuario que mencioné antes. Si en ciudades grandes es complicado encontrar cosas escritas en inglés, imagínense lo que es en pueblos chicos como este. Mamita! Todo por señas o palabras sueltas lo mas sencillas posibles. teníamos que preguntar si el bus pasaba por un lugar pero no sabíamos como decirlo en japonés ni mucho menos preguntar algo. Así que recurrimos al nombre pronunciado lo mas parecido posible y señalárselo en un mapa. Quien iba a pensar que a casi veinte mil kilómetros de distancia nos encontraríamos con el Carlitos Balá ponja. A nuestra pregunta nos contestó con su gesto de idea clásico, dedito indice y pulgar haciendo un cerito (el clásico “ok”), chasqueando la lengua y diciendo “ok ok!“. Así que nos subimos tranqui al bus, total… íbamos protegidos por Carlitos Balá. Un grande! Ya lo saben “OK OK! clack clack clack” y ta’todo bien!

Agora si, sayonara!